jueves, 3 de enero de 2013

La vuelta a Montevideo...

Obviamente no iba a terminar el blog de la nada sin escribir algunas cosas más de Pittsburgh y de Estados Unidos en general. Todavía tengo unas entradas pendientes, entre ellas el viaje a Filadelfia y a la Costa Oeste, pero esta vez voy a escribir sobre la despedida de Pittsburgh y la vuelta a Uruguay... Y, como era de esperarse, tuve y todavía tengo sentimientos encontrados.

Los últimos días en Pittsburgh tuve una mezcla de sentimientos. Por un lado, felicidad de volver a casa y reencontrarme con mi familia y amigos, por otro, la ansiedad y expectativa de los últimos viajes (sobre todo el viaje a la Costa Oeste), pero la verdad es que el sentimiento que primaba era el de tristeza por tener que irme de Pittsburgh.

Nos fuimos el 17 de diciembre desde el Aeropuerto Internacional de Pittsburgh y ya hay tantas cosas que extraño: vivir con amigas, la casa en la que vivimos estos cuatro meses, la Universidad en general (y puntualmente la Cathedral of Learning), los almuerzos en Market Central, los programas, las salidas, la comida, los viajes, hablar inglés todo el día, las clases (sobre todo las que más disfrutaba), la rutina en general... Pero sin duda lo que más extraño y lo que más me costó dejar es la gente. Nunca pensé que en cuatro meses me iba a encariñar tanto con las personas que conocí en Pitt, pero así fue. Y fue muy difícil despedirme, es más, creo que fue más difícil que despedirme de mi familia y amigos acá en Montevideo. Y la razón por la cual me costó más es porque yo me fui de Montevideo sabiendo que en poco más de cuatro meses iba a estar de vuelta: aquel 15 de agosto (que hoy siento que fue ayer) me despedí de todos y me subí al avión con un montón de incertidumbres e inseguridades sobre cómo iba a ser vivir en otro país, pero con la certeza de que al poco tiempo iba a estar de nuevo en casa.

Pero esta despedida fue distinta porque esta vez me despedí de gente con la que no sé si me voy a reencontrar (ojalá que sí) y de una realidad y una experiencia que no voy a volver a vivir. Es el fin de una etapa muy importante de mi vida, en la que aprendí y que disfruté muchísimo, y me pone triste tener que dejar a toda la gente que conocí y que me acompañó en esta experiencia. Es algo que hasta ahora no me había tocado vivir, porque en Uruguay el fin de cada etapa siempre implicaba un "cierre" y el principio de una etapa nueva (cuando me cambié de colegio, terminar el liceo, cambiar de trabajo, etc.), pero la gente que conocí siempre seguía ahí. Creo que nuestra realidad en Uruguay no nos prepara para vivir algo así porque al ser un país chico tenemos la suerte de poder mantener el vínculo y seguir viéndonos con la gente a pesar de que ya no forme parte de nuestro día a día.Por eso fue especialmente difícil tener que despedirme de todo el mundo y sé que es parte de toda la experiencia de crecimiento que significa un intercambio, pero fue sin duda lo que más me costó hacer.

Dos semanas antes de irnos empezaron las despedidas: una noche salimos todos los internacionales a Hofbrauhaus, un bar alemán que queda en South Side, y fuimos a Hemingway's, uno de los bares a los que íbamos todos los fines de semana. Nuestro último fin de semana en Pennsylvania Maca, Mati, Abby, Casey y yo hicimos un road trip a Filadelfia y nos quedamos en la casa de Abby que queda a media hora de "Philly". Pero la gran despedida fue la despedida sorpresa que nos hicieron nuestras roommates: fuimos a comer a South Side y cuando llegamos a casa y prendimos la luz nos gritaron "¡¡Sorpresa!!" y vimos que estaban muchísimas de las personas que conocimos en Pittsburgh: obviamente nuestras roommates, nuestros vecinos, gente de nuestras clases y de nuestro grupo de alumnos internacionales y otros amigos que nos hicimos durante los cuatro meses. Estaba toda la casa decorada con los colores de las banderas de Uruguay y de Estados Unidos y hasta nos habían hecho una torta que decía "Inés, Mati, Maca: las queremos". No lo podíamos creer, parecía una película. Es más, hoy lo pienso y sigo sin poder creerlo.

Releyendo las primeras entradas y haciendo memoria pienso en cómo me sentía antes de irme y lo distinto que es verlo ahora. Pienso en todas las dudas e inseguridades que tenía, cómo dudé antes de empezar a planear el intercambio, en el miedo que tenía a extrañar... Si antes de irme hubiera sabido lo increíble que iba a ser esta experiencia no lo hubiera dudado ni un segundo. Viví tantas cosas espectaculares en estos últimos meses que siento que todavía necesito procesar muchas de ellas e intentar sacarlas de la "bolsa" del intercambio para poder valorar cada experiencia por separado: cada viaje que hice y lugar que conocí, cada espectáculo que vi o evento al que fui, cada cosa que me sorprendió y que disfruté, cada persona que conocí que hizo mi experiencia en Estados Unidos diferente y única por haber formado parte de mi intercambio. Fueron casi cinco meses de estar permanentemente en contacto con gente nueva que me enseñaba y me mostraba algo que no conocía y voy a extrañar esa sensación de vivir todos los días algo nuevo y distinto a lo que estoy acostumbrada.

Sinceramente todavía no puedo creer que ya estoy de vuelta.



En Hofbrauhaus con nuestro grupo de internacionales.







Fotos de la fiesta de despedida sorpresa que nos hicieron.



Foto de nuestro viaje a Filadelfia.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Pittsburgh

Después de haberles dedicado distintas entradas a los viajes que hice a las ciudades grandes, obviamente no podía no dedicarle uno a Pittsburgh. Estos son mis últimos días acá y ya estoy nostálgica de solo pensar en volver. Estos últimos días, entre “finals”, despedidas, preparativos para los últimos viajes que nos quedan (Filadelfia y la Costa Oeste) y los preparativos para la vuelta, con Maca tratamos de hacernos el tiempo para recorrer la ciudad por última vez.

El tema de vivir por un tiempo corto (hoy en día, a diferencia de lo que pensaba antes de venir, siento que cuatro meses es poco tiempo) en otra ciudad es que cuesta mantener el equilibrio entre la vida “normal” y la de turista. Como cuando llegamos a Estados Unidos nos fuimos enseguida a Nueva York y después apenas llegamos a Pittsburgh empezamos las clases, no tuvimos tanto tiempo de recorrer la ciudad. Y después, a medida que pasaba el tiempo, entre las clases, el estudio, los programas, las salidas (en fin, la rutina) y los distintos viajes, cada vez lo íbamos aplazando más. Y al final nos acostumbramos tanto a vivir acá y a que Pittsburgh fuera “nuestra” ciudad que, como todo local, dejamos de pensar en hacer cosas turísticas. Obviamente recorrimos, pero nos faltaba ver muchas cosas, y esta semana, presionadas porque sabíamos que era ahora o nunca, nos pusimos las pilas y salimos a recorrer.

Y lo primero que quiero hacer es romper con el mito de que Pittsburgh no es una ciudad linda. Por haber sido una ciudad industrial, tiene fama de ser una ciudad fea o por lo menos de no ser muy linda, pero puedo afirmar que no es así. La zona del campus es divina: tiene una mezcla de estilos arquitectónicos, con la Cathedral of Learning como el edificio más llamativo. En general, salvo algunas excepciones (como la Cathedral y Litchfield Towers, uno de los residence halls), los edificios en la zona del campus no son muy altos, y por eso la Cathedral resalta y se ve desde muy lejos. Además tiene bastantes espacios verdes y plazas que en verano se llenan de alumnos. Es tan lindo el campus que si lo pienso me parece mentira que esta haya sido mi universidad por un tiempo.

El centro de la ciudad y muchos barrios, como Shadyside (un barrio residencial que también tiene negocios) y South Side (un barrio en el que hay distintos locales de ropa, restoranes, bares y donde se sale a bailar), también son divinos (voy a poner fotos para respaldar mis afirmaciones). En el centro hay una plaza que se llama Market Square que tiene todo negocios alrededor, donde ahora en invierno hay una pista de patinaje con un árbol de Navidad gigante. Y también está el Incline, un trolley que te lleva hasta un mirador que queda en un punto re alto de la ciudad desde donde podés ver todo Pittsburgh (desde ahí está sacada la foto de fondo del blog). Estar ahí fue impresionante. Fuimos hace como dos meses y me sentí como el día que llegamos cuando estábamos cruzando uno de los puentes tan característicos de la ciudad: es increíble ver algo tantas veces en fotos, como algo lejano, y de repente estar ahí y verlo con tus propios ojos. Y la ciudad desde esa perspectiva es tan divina…




Otro punto desde el cual la ciudad se ve divina es uno de los puentes del centro. Fuimos anteayer y lo cruzamos de día a la ida, y cuando estábamos volviendo estaba anocheciendo y la ciudad ya estaba toda iluminada. Fue espectacular.


 Market Square





Shadyside



La vista de Pittsburgh desde el piso 36 de la Cathedral of Learning



Nationality Rooms en la Cathedral of Learning. Son 29 clases donadas por las distintas etnias que ayudaron a construir la ciudad de Pittsburgh. Increíblemente, en estos salones espectaculares se dictan clases normalmente. (Para hacer el tour virtual vayan a http://www.pitt.edu/~natrooms/).









 Heinz Field, el estadio de los Steelers y los Panthers. Ya subí fotos acá pero me parece que vale la pena volver a ponerla.


Heinz Memorial Chapel


Otro lugar que está muy bueno es el Phipps Conservatory, un conservatorio y jardín botánico que queda muy cerca del campus.





 Carnegie Mellon University, otra universidad que queda en Oakland, el mismo barrio en el que está Pitt. Acá se filmaron unas escenas de la última película de Batman.



Carnegie Library of Pittsburgh


Benedum Center for the Performing Arts, donde vimos el musical de Broadway “Mary Poppins”.



Heinz Hall, otro teatro divino.



Andy Warhol Museum. Andy Warhol nació y vivió en Pittsburgh y por eso hay un museo de él y sus obras en el centro de la ciudad. No solo están demás las exhibiciones, sino que también suelen hacer eventos y tienen una especie de taller educativo donde trabajan muchos artistas y estudiantes de arte.





Estas son solo algunas de las cosas que se pueden ver en Pittsburgh.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Chicago

Con Maca tuvimos la suerte de poder ir a Chicago el fin de semana antes de Thanksgiving. Nos moríamos por ir porque todo el mundo nos había dicho que si nos gustó Nueva York nos iba a encantar Chicago, pero hace más o menos un mes miramos el calendario y nos dimos cuenta de que nos quedaban muy pocos fines de semana libres, así que nos pusimos a buscar pasajes y hoteles. Tuvimos la suerte de encontrar un hotel y pasajes de ida y de vuelta para ese mismo fin de semana. Esta es una de las cosas que más voy a extrañar de este país: te tomás un ómnibus, un tren o un avión y en unas horas estás en Chicago, Nueva York, Washington D.C., Filadelfia, etc., etc., etc...

La ciudad es muy parecida a Nueva York, pero (en mi opinión) más linda. Es más prolija, está mas limpia y, a pesar de los rascacielos, no hay tanta sensación de agobio. Igual, aunque me parece sin duda una de las ciudades más lindas de Estados Unidos, creo que entre Chicago y Nueva York me quedo con la segunda, porque esa sí que es una ciudad que lo tiene todo.





Una de las cosas que hicimos en Chicago fue el "Architectural River Tour", un tour que te lleva en bote por el Río Chicago, en el que ves muchos de los edificios más famosos de la ciudad mientras el guía explica por qué el patrimonio arquitectónico de Chicago es conocido y estudiado en todo el mundo. Fue sin duda una de las cosas que más disfruté de la ciudad.

Otro de los tours que hicimos fue el "Hop-on, Hop-off" (en uno de los famosos "trolleys"), que sigo sosteniendo que es una de las mejores formas (si no es la mejor) de conocer una ciudad porque vas viendo todo y aprendiendo mientras te transportás de un lugar a otro. Igual, sacando algunos lugares o zonas, en general pudimos hacer todo caminando porque nos quedamos en una zona que se llama "The Loop", que es el centro comercial de Chicago y donde está la mayoría de las cosas para ver.



"The Bean": una escultura que está en el Millennium Park, que en realidad se llama "Cloud Gate", pero comúnmente se le dice "The Bean" justamente porque tiene forma de poroto. Está hecha de acero inoxidable y está demás porque refleja la ciudad, como se puede ver en la foto.



"The Magnificent Mile" es el distrito comercial más grande de Chicago, en el que se encuentran muchísimos locales de ropa, restoranes, museos, hoteles y otros negocios. La calle más conocida del distrito es "Michigan Avenue", que se extiende hasta otros barrios y es famosa, entre otras cosas, por sus decoraciones de Navidad.






La Torre Willis o Willis Tower, también conocida como "Sears Tower" porque así se llamaba hasta hace un tiempo, es uno de los rascacielos más famosos de Chicago y el más alto de los Estados Unidos. Cuando entrás te dan la opción de ver una película corta sobre la historia de la torre, que realmente recomiendo porque te da la posibilidad de saber un poco más de dónde estás parado (literalmente) y de lo que estás viendo.

Lo mejor es el mirador del piso 103 de la torre (el "Skydeck"), que está a 412 metros de altura. Ver la ciudad desde el piso 103 es espectacular, y el mirador tiene la particularidad de que podés pararte en unos balcones hechos enteramente de vidrio y mirar hacia abajo y ver la ciudad abajo de tus pies. ¡Es increíble!